La pérdida toca a cada persona en la
vida. Sea un abuelo, un padre, un hijo o otro ser querido. La familia Buendía
se encuentra con la perdida vez tras vez. Es interesante como cada persona
reaccione distinto con cada caso. Rebeca come tierra, Amaranta se cierra en su
cuarto, Aureliano se dedica a la guerra, Úrsula se dedica a su familia, José
Arcadio Buendía se ve la fantasma de Prudencio. Eso me hace pensar de lo que
hacemos nosotros al perder alguien en nuestras vidas. El plan de salvación nos
da la manera de saber lo que pase después de la muerte, pero ¿que es lo que
sentimos o hacemos para manejar las emociones que tengamos en estos momentos? ¿Haremos
lo bueno? ¿Lo malo? ¿Pensamos en nosotros no más? ¿Nos dedicamos a una causa? ¿Seguimos
con la vida? ¿Vivimos en el pasado?
Si no hemos pasado la
perdida, ¿qué es lo que pensemos que haríamos? ¿Juzgamos a los demás que están
pasando estos malos momentos?
Cada persona maneja
estas situaciones distintas y no hay nadie (sino Cristo) que puede entender las
personas. ¿Que podemos hacer para consolar estas personas y ayudarles
sobrevivir estos tiempos difíciles?
Muy buen pensamiento. Es cierto que nada más Cristo sabe lo que sienten las personas en esta situación. Creo que cada persona tiene su propia manera pero como familia, amigos, o discípulos de Jesucristo tenemos la responsabilidad de averiguar que es lo que necesitan y esforzarnos a ayudarlos de modo que satisfacemos sus necesidades.
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