El mirar un
retrato de uno mismo no es la misma experiencia como mirar el reflejo en un
espejo. ¿Por qué sería? Los dos
son representaciones de la apariencia física de la misma persona, pero de algún
modo no se ven idénticos. Según el
soneto 145, o sea Éste que ves, de Sor
Juana Inés de la Cruz, autora mexicana del siglo XVII, el retrato no pinta la
realidad sino una autoengañosa vanidad.
Los principios fundamentales acerca del retrato engañoso que se revelan
en Èste que ves siguen aplicables en
el mundo actual de autoproyecciones por internet.
Sor Juana
utiliza la dicción para establecer la vanidad del retrato. Los poetas deben escoger las palabras con
las cuales escriben con mucho cuidado porque cada palabra tiene un significado
potente, y Sor Juana seleccionó las más apropiadas en este soneto. Por ejemplo,
en el segundo verso escribe del arte “ostentando los primores”. La palabra primores trae a la mente imágenes de belleza y hermosura. Al mirar el reflejo en el espejo no
siempre se ve primores, se ve la
realidad, pero Sor Juana está diciendo que el retrato no sirve para mostrar
toda la realidad con su fealdad inherente, sino que sirve para iluminar la
belleza preferida. Otro ejemplo se
encuentra en la segunda estrofa, con la palabra “lisonja”. La palabra lisonja tiene connotaciones de hacer un llamamiento a la vanidad. De esta manera la autora le demuestra
al lector que el retrato del que está escribiendo es maduro con el
envanecimiento.
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